julio 14, 2014

Del cierre de la gira Corona Music Fest 2014 (o al menos de cómo lo recuerdo)

De esas veces en que te dicen que teníamos entradas para el evento, pero también un compromiso familiar por la mañana y te resignas, pero ya con ambos pies en la fecha todo sale bien y el compromiso familiar termina temprano, así que vámonos al concierto con los brazaletes de prensa que nos facilitaron -¿Qué? ¿Brazaletes de prensa? ¡Que chido!, así si vamos a ver algo, porque a la hora que vamos a llegar nos tocaría cómo a 300 metros del escenario.

En el camino la güera nos dice: -Preparen sus preguntas para la rueda de prensa. A mí sólo se me ocurre que le puedo preguntar a Saúl: ¿Cómo haces para mantenerte vivo?

Esos brazaletes de prensa tienen básicamente dos ventajas: estás muy cerca del escenario y nadie te limita la entrada de mochilas y tampoco te las revisan, así que dos termos de absolut azul y tres litros de jugo se colgaron de mi espalda durante la larga caminata del carro al pie del escenario.

Listo para el concierto de rock en la carpa de prensa de Corona y ¡sopas! ni carpa, ni chelas y en lugar de rock me encuentro soplándome a los sacrosantos ángeles azules. Pues el vodka lo hace llevadero. Luego arriban al escenario los “muchachos” de DLD (zaz, nada más me sé cómo dos canciones de antes de que les censuraran el nombre), tocan media hora según lo programado, una pausa y llega Kinky a armar un buen ambiente entre la banda, siempre es lindo escuchar buena música acompañado de varios miles de canijos y si de pronto se asoma por ahí el Chava Rock con su cámara y tu lo reconoces y le dices a tu pollo: “mira; ese de allá es tal y tal, y es de los cronistas de rock más vetarros” uuuta, te sientes casi cómo conocedor de la historia del rock.

Pausa de nuevo antes del plato fuerte, si vas a beber algo que no debiste de haber metido es bueno ser discreto para no dejar en mal a los de seguridad Lobo, que ya son cómo parte del chou, pero no se puede uno esconder del mundo entero, así que una indiscreta chavita colorada por el sol ofrece pagar lo que sea por un poco de ese néctar embriagante que se prepara en los termos floreados. “Ser banda o aprender a decir que no, he ahí el dilema”

Ya está obscuro, se mueven las luces y sin tanta alaraca; véalos ahí, ¡los Caifanes!

Mi primera impresión es lo negro del tinte del buen Saúl Hernández, lo ruco de Sabo Romo y lo ausente de Markovich.

Por lo borroso de la foto,
por eso me quedo con ésta.
La primera rola en la chuleta de la tarde es “Negro Cósmico” -¡Qué bien! porque me cae re gordo ir a escuchar grupos viejos cantando canciones nuevas, en cambio éstos señores comenzaron con unas que casi había olvidado. Con “Dioses Ocultos” la banda ya estaba prendidísima, el vocalista centró su mirada muy cerca de dónde yo estaba, grande mi sorpresa cuando le mandó un beso a mi esposa, pero bueno, es Saúl Hernández, así no hay pex, (además ella empezó, pero bueno, es Saúl Hernández, así no hay pex).

“Esa enfermedad es incurable, esa enfermedad birium barium, ¡nooooo!” Aun no salía de la primaria cuando la escuchaba gracias a los hermanos de mis vecinos, creo que ha llovido algo de entonces para acá.

Llegó el turno de “No dejes que” y ahí me perdí, ya no vi la negra cabellera patrocinada por Loreal, ni la larga trenza blanca del guitarrista, mi vista se perdió en patios, azoteas, banquetas, salas de desconocidos y muchos sitios extraños en los que con una infaltable caguama en la mano canté y crecí al ritmo de esos acordes y gritos bien entonados. Fueron muchas veces, muchas caras, muchos amigos, muchas grandes ocasiones, y en muchas de ellas cantándosela desde muy lejos a la que ahora es la mamá de mi hija y mejor aun, mi compañera de vida, que no dejó que nos comiera el diablo.

“Antes de que nos olviden” y “Nubes”, estábamos hipnotizados por la banda que suena igual que hace veintitantos años, tal vez mejor. Sólo a “Afuera” se permitieron hacerle arreglos, los clásicos se quedan así, porque así están bien, así es cómo nos los sabemos y queremos escucharlos siempre.

El encore, dicen que se van y todos sabemos que no es cierto, tres canciones más la penúltima es la Célula que explota en la que ya no se esfuerza por cantar, deja que todos lo hagamos por él, y está bien, al fin que ni falta hace, con estar ahí paradote y darnos cuerda es más que suficiente. Cierran con la que empezó su historia “La negra Tomasa” ¿Se acuerdan que siempre quiero más rock y menos cumbia? Pues no sé que le hicieron, creo que los arreglos sólo fueron en la batería pero sonaba cómo metal aunque nunca dejó de ser la cumbia que los ángeles azules no sabrán tocar jamás.

Se acabó el concierto, si estoy afónico y tengo sed, hace mucho que no había que beber hasta que un buen samaritano nos vendió un vaso de agua en 25 varitos, no hay conferencia de prensa ni nada más por hacer que caminar apretados entre un tumulto de chavorrucos queriendo encontrar Tlalpan.

No le pude preguntar a Saúl cómo ha hecho para no morir, pero eso ya no importa, salí sabiendo para qué es que sigue vivo.


Salud.